Freedom

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jueves, 26 de agosto de 2010

Ley de la atracción.

Empapada por la lluvia caminaba por ese parque que estaba enfrente de mi casa, no esperando nada, solo oler el perfume de las hojas mojadas y escuchar el viento jugar con mi pelo, esas tardes-noches eran mis mejores días, me hacían recordar mi infancia, esos días en los que mi vida era sin duda fácil y completa.


Esa tarde lo vi de lejos, pero siempre me lo encontraba en ese parque, sentado en una banca con su perro, aunque los días de sol no aparecían. Sus ojos eran de un tono oscuro, pero tan brillantes que le daban un tono especial a su mirada, una mirada exótica y penetrante, su piel era morena, su pelo rizado y bien definido, sus labios de un tono mas oscuro que su piel, se veían suaves, lisos y con una impresión de que algo decía, pero me encontraba tan lejos que no pude descifrarlo. En ese instante recordé a mi destructor, de su mirada, de su piel y sus gestos, recordé esa pesadilla que hace un año atrás atormentaba mis noches, mis días, mi vida.


No comprendía porque ese muchacho hacía volver lo peor de mi vida a mi presente, calaba en lo más profundo de mi mente, perturbando una de mis tardes favoritas. Corrí a mi casa, volví a mi oscuridad. No quería volver a sentir denuevo esos dolores que mutilaban mis sentimientos, mis recuerdos y mis ganas de vivir.


Al día siguiente, fue un día nublado, con mucho viento, decidí volver al parque a despejarme y caminar por el pavimento mojado. No sabía que era lo que me tenía tan nerviosa, hasta que sentí unos enormes ojos clavados en mi espalda, mi piel se erizó, quise voltearme, pero supe de inmediato que no me atrevería a plantarle cara y pedirle una explicación de porqué me miraba de esa manera.Decidí seguir por mi camino, hasta dar la vuelta y llegar a mi casa, me recosté en mi sillón para despejarme, pero no hacia mas que recordar esos ojos aniquiladores, sus gestos,  sus labios. Desistí y decidí salir de compras, me mantuve ocupada por toda esa semana haciendo trabajos para la universidad, no quería tener tiempo de recordar nada, de pensar en nadie y dejarme llevar por mis impulsos. 

Esa noche tube mi primera pesadilla después de un año, me sentía extraña, como si ese muchacho significara mucho para mí, después de unos meses sin darme cuenta sentí lo que jamás debí sentir por él, jamás había tenido la intención de quererlo. Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío. El amor concede a los demás el poder para destruirte, y yo de eso me dí cuenta demasiado tarde.

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