Freedom

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jueves, 26 de agosto de 2010

Las primeras noches.

Tenía un gesto en el rostro que anunciaba que podía estallar en llanto en cualquier momento. No sabía lo que me estaba ocurriendo, no quería dejar todo lo que construí en un tiempo considerable, para marcharme sin ningún motivo. Decidí que esta noche no sería la última.

Pasé dejar algunos días, dejando que la luz del sol penetrara por mi ventana, que me llenara de vitamina, para sentir que la decisión que había tomado era la correcta. Me sentía insegura en algunos momentos, creí que no aguantaría tanto en volver a caer, e irme por un tubo al darme cuenta de mi decisión, pero fue necesario pensarlo.

Para mí, fue como volver a nacer, me sentí nueva después de un año sin volver a pensar en llamarlo, en caer en sus redes. Pase por muchas torturas, pero la decisión fue la correcta.

Son tantos meses en que no lo he vuelto a llamar que derrepente mi vida volvió a tener sentido, o por lo menos así lo creí. Mis pesadillas se esfumaron para ser reemplazadas por noches largas de sueño y de regocijo en mi cuarto. Esa noche fue la primera en que disfrute de mi cama, si pesadillas ni recuerdos perturbadores.



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